poesía

5. sep., 2021

Buscas el éxito y no lo encuentras.

Buscas la autoafirmación y no la encuentras.

Buscas los aplausos y no los encuentras.

Buscas las cimas y las cumbres y no las encuentras.

Buscas las torres y no las encuentras.

Buscas la luz entre las sombras,

y solo la noche sale a recibirte.

3. sep., 2021

Esta luz pertenece al pasado.

Al oscuro pasado en que los hombres

dictaban leyes arbitrarias

y pronunciaban alegatos incoherentes,

para que nadie pudiera liberarse

del yugo de la ignorancia y la miseria.

Es una luz que gira sobre sí misma,

en un círculo vicioso,

en un espacio sin oxígeno ni aire.

Una luz macilenta y decrépita,

que no conduce a ninguna parte,

Esta luz pertenece al pasado

y hay que dejarla que se hunda

en el pozo del olvido.

Hay otra luz, esperanzada, 

que se abre a otras luces,

a otros misterios por descubrir.

Es la luz del futuro y del progreso,

de la libertad y de la paz.

La luz que no descansa nunca

en su afán por atraer a los hombres 

al único camino que les hará felices:

el de la verdad y la justicia.

2. sep., 2021

Estoy enamorada de la luz,

de esa luz sin límites,

de esa luz que me rescata del olvido,

de esa luz que es respuesta y atisbo,

de la fuerza que irradia,

de su magnetismo,

de su estallido inesperado.

Me asombra la luz,

cualquier luz,

la primera y virginal,

siempre atenta a mis súplicas.

La del mediodía,

pletórica de vida y en nada equidistante.

La luz de la tarde,

algunas veces tibia y melancólica,

pero nunca hostil ni desabrida.

Una luz que acoge en sus brazos

al hombre perdido entre la niebla.

Me intriga la luz,

siempre inquieta y generosa.

A veces me pregunto por qué,

de dónde viene su misterio,

por qué tantas luces,

cuando solo es una y no se esconde,

aunque, a veces, solo aparezca como un rayo,

vertical y profundo,

u otras, sutilmente,

entre las páginas de un libro,

o en la ráfaga rabiosa de una sonata de Bach.

Me gusta hablar de ella

o escuchar sus sonidos vacilantes,

cuando musita algo inexpresable,

allá a lo lejos. 

Se me hacen cortas las horas en que vive,

cortos, los caminos que ilumina.

Nunca presta al desaliento ni a la monotonía.

A veces la veo en sueños, tímida y distante,

o en una estrella fugaz, que me requiebra.

Estoy enamorada de la luz,

intensamente,

irremediablemente,

y busco siempre

entre los pliegues de mi alma

los senderos ocultos que recorre.

Me fascina la luz

por su belleza,

porque es cierta y no engaña,

porque siempre está cuando la buscas,

porque adopta innúmeras formas y colores,

porque, en fin, es un canto a la vida.

Estoy enamorada de la luz,

porque es una atracción ineludible,

una pasión que me domina,

un amante celoso que siempre me persigue.

Y tal vez, y sobre todo,

sobre todo por esto, 

porque la luz es lo único que queda

en medio de tanta oscuridad.

1. sep., 2021

Aprender la luz

es una tarea difícil

y de alto riesgo.

En ella se encierran todos los secretos,

que al hombre le están vedados.

Los últimos porqués de la existencia humana,

nos llegan en forma de rayos,

de haces de luz,

que a veces nos ciegan.

Los profetas, los poetas, 

los filósofos, los pintores

los astrofísicos la estudian,

pero siempre se quedan en los límites.

La luz es un misterio de largo recorrido.

Aprender la luz

es aprender todo cuanto nos rodea

y nos atañe,

y a veces no entendemos 

por qué la luz se esconde cada noche.

Aprender la luz es un reto,

una aventura cotidiana,

que nos asombra y nos inquiere.

La luz nos da aquello que queremos:

los altos robles,

las perspicaces abejas,

el oxígeno que respiramos

y la mano del anciano.

También nos da el poder y la riqueza.

El poder de descubrir cada día un paisaje nuevo.

La riqueza de estar desnudos, como la piedra.

Aprender la luz por caminos que siempre son oscuros,

tortuosos, laberínticos.

Aprender la luz cuando es de noche,

y doblegarla,

no dejar que se escape,

limar las aristas,

ponerle el vestido de fiesta,

si hace falta,

impedir que se burle,

conducirla

por caminos escarpados,

para que aprenda lo dura que es la vida

y clavarla muy hondo,

muy hondo,

para que no diga ningún exabrupto.

Esto es aprender la luz.

Lo demás son historias,

que es mejor olvidarlas.

1. sep., 2021

No sé dónde te dejé, luz cierta e ingrávida, 

si fue en la madrugada,

si cuando se apagó el canto del jilguero,

si en el puerto cuando zarpaba el barco.

Tampoco sé por qué te dejé,

si fueron las perlas

que me vendió aquel comerciante,

si fue aquella gitana 

que me leyó la mano,

si la culpa la tuvo la selva con sus trampas.

Solo sé que desde entonces

no me visitan las alondras,

ni los sabios solicitan mi consejo.

Solo sé que llueve desde entonces,

una lluvia pertinaz,

que abre todas las heridas

y apaga todas las hogueras.