poesía

7. ago., 2018

Me mira desde el fondo de una calle

o tal vez de una historia que sucedió en París,

en un hotel que sólo habitan fantasmas y duendes,

en un lugar adonde ya no llegan los sueños,

ni los trenes llenos de promesas y aventuras.

 

Me mira desde lejos.

Quizás quiera saber quién soy,

qué impulso me lanza a cruzar el puente

que separa su vida de la mía,

a derribar el muro que hay tras sus ojos de acero.

 

Me mira desde lejos,

tal vez quiera preguntarme

qué hago yo aquí, en esta sala,

mirando su retrato,

este fondo impenetrable del alma

que sólo lo ve Dios.

5. ago., 2018

Me piden muchas cosas:

promesas, mariposas, palacios, historias que contar.

A veces me piden hasta el mar.

Yo les digo que sólo tengo duendes,

que nací en un barco que un día naufragó.

Les cuento un sueño que tuve cuando niña

en que un dragón era bueno y lloraba por las noches.

Se callan cuando llueve

y entonces llegan los piratas

a robarme el corazón.

5. ago., 2018

El templo ya no tiene las columnas de piedra

en la que labraron los hombres la historia de los dioses.

Ya no tiene la luz cálida que acogió al caminante y al guerrero,

ni tan sólo el velo misterioso que oculta la belleza.

 

El tiempo ha impuesto su rigor y su furia,

borrando las huellas que un día fueron leones de alabastro.

Se oye el crujir de las losas, como un trueno a través de los siglos.

Las estatuas se ocultan porque les ladra un perro.

 

Hay voces extrañas con dientes afilados,

músicas torpes que no tienen amigos,

sombras que se repiten como noches de insomnio.

 

Un erudito canta la canción que aprendió de niño,

la que ahora recuerdo en este templo sombrío,

en este corazón que hoy guarda el beso de la luz.

3. ago., 2018

Se han ido yendo los amigos:

aquel que tuvo nombre de poeta,

el que cruzó los siete ríos de la muerte,

el que llevó en sus manos el cofre de los dioses,

el otro que sembró las espigas de oro,

el que creció con el don de la espada,

el que habló las lenguas inefables.

 

No se llevaron nada,

aunque la vida los trató sin ambages,

llenando sus días de ríos caudalosos

y caminos de árboles frondosos.

El otoño nunca llamó a su puerta

y nunca tuvieron un no como respuesta.

 

Pero no se llevaron nada,

salvo esa sed del alma en el desierto.

26. jul., 2018

Tú que lo creaste todo:

el amor y sus últimas palabras,

el mar que se pone de rodillas cuando pasas,

el pájaro que te nombra en la más oscura selva,

el silencio de la nieve infinita.

Bajo tus brazos largos me acojo.

Hoy no es tarde todavía.

Los hojas de los árboles no se caen,

los ríos no están secos

y la guerra parece estar muy lejos.

Tú qué lo creaste todo:

dime por qué mis manos tan vacías,

el mundo tan aciago,

la hondura de los pobres,

el largo caminar por el desierto.

Hoy no es tarde todavía.

Escucha este lamento

y haz que brote la luz en esta noche.