poesía

3. feb., 2019

En este jardín, donde los ángeles construyen nuevos sueños

de las antiguas historias de amor,

hoy enterradas en el fondo de un mar lejano y triste,

veo pasar los últimos héroes derrotados por el viento.

Llevan en sus manos copas que antaño fueron leyendas,

pasajes victoriosos a la luz de la hoguera.

Pronuncian palabras inefables que algún día fueron ímpetu y coraza.

Se refugian en un bosque milenario

donde hay templos, castillos y un lago cubierto por la nieve.

Tienen nombres de magos y de sabios,

poetas, profetas y arlequines.

De vez en cuando un violín rasga la noche

y les canta las trovas encendidas de antiguos amadores.

 

En este jardín, donde hoy mis ojos anhelan otro cielo,

solo me acompaña la fría soledad de las estatuas,

esas que tejieron un mundo sin noches y sin sombras.

27. ene., 2019

El cielo hoy es una nube pétrea,

que no deja ver más allá del misterio.

La luz es opaca

y los muertos vienen a visitarla.

El campo es una losa

que ha perdido su brillo,

como el ciervo que huye de los lobos.

El universo entero ha dejado de ser el templo de los dioses

y ya no es más que las cenizas de lo que fue un prodigio de belleza.

El presagio hoy se ha cumplido.

Un denso velo cubre las montañas.

Las ciudades son cárceles del alma.

Los pájaros se fueron al país de los sueños,

donde vive la bella durmiente

y el payaso que nunca defrauda.

 

El cielo hoy es una nube pétrea,

con cautivos y esclavos y serpientes.

Se rompe en cristales que no cesan de golpear el alma.

¡Cuánto frío en el salón vacío!

¡Cuánto invierno y qué largo el camino!  

¡Cuánta nieve en el corazón que no ama!

20. ene., 2019

Esta mañana ha sido distinta a las otras.

He aceptado sin más el ruido de las calles,

las palabras absurdas del vecino de arriba,

las carreras por llegar el primero a la cima,

el lamento del perro que ha perdido a su amo.

 

He aceptado que no es oro todo lo que reluce,

que el que anda deprisa no contempla el paisaje,

que ese cuento tan viejo no lo saben los niños,

que las hadas son brujas en un mundo sin ángeles,

que los sueños son inútiles si no hay esperanza.

 

He aprendido a rendirme y aceptar la derrota,

a leer un poema sin saber quién lo ha escrito,

a pintar un retrato cuando llega el insomnio,

a velar por las noches el inmenso horizonte,

a dejar que se queme el pastel de las doce.

 

Esta mañana ha sido distinta a las otras:

he aceptado el final de esta historia de amor.

13. ene., 2019

Los poemas son palabras en blanco y negro

que abren puertas a lo ignoto y al misterio.

Palabras que se pasean taciturnas

y llegan a los puertos de ciudades que sueñan.

Palabras en blanco y negro

iluminadas por la luz de la belleza.

Palabras que desprenden magia, aroma,

sabor a aguacate y café amargo.

Palabras con la nitidez del cielo

y la opacidad de la tierra.

Palabras que a veces son efímeras

y otras, eternas.

Palabras, cantad ahora,

invocad al viento,

a Homero, Virgilio,

al último poeta que desentraña sus versos.

Recordad a todos

que pertenecéis a un linaje de dioses

y hasta los pájaros os deben su inmortalidad.

12. ene., 2019

Lentamente, el tiempo va poniendo las cosas en su sitio.

Todo encuentra su lugar:

las cartas que nunca se leyeron,

las fotos polvorientas,

las puertas sin llave,

los cajones vacíos y destartalados,

la música del violín desvencijado,

las películas en blanco y negro,

el primer televisor,

el circo y sus leones,

Charlie Rivel aullando,

los sueños olvidados,

los héroes de la infancia,

Guillermo Brown, Astérix,

Shakespeare y La Divina Comedia.

Todo tiene su respuesta,

su porqué,

su lógica aristotélica,

después del largo silencio,

que a veces es la vida.