poesía

9. jul., 2018

No sabe de amor quien no ha sufrido

la espada y los clavos de su ausencia.

Quien no tiene la pasión que enciende  

la noche y la ilumina de palabras y promesas.

Quien no ha bajado a los infiernos

en busca de su rostro.

Quién no ha subido al cielo

a preguntar a los pájaros

dónde se halla su último refugio.

Quien no ha esperado bajo la lluvia

la carta que el tiempo no destruye.

Quien no ha leído los versos

del amado y de la amada,

de su huida y de su encuentro

en un lugar recóndito del alma.

Quien no abandona su casa

para vivir al albur de lo imposible,

siguiendo las huellas de lo incierto.

Quien no lo arriesga todo

por un paisaje ignoto.

El amor es presagio y aventura,

es vivir en el quicio de un sueño.

Vivir en el más allá de unos ojos,

por detrás y por encima de lo insólito,

en el fondo de unos besos,

en el lado equivocado del horizonte,

en el azul oscuro de lo infinito.

7. jul., 2018

Tienes miedo al silencio,

a la soledad de la noche,

a esa oscura presencia del pasado

que pronuncia tu nombre entre las sombras.

 

No quieres mirarte en el espejo

y ver las arrugas de tu rostro,

un largo caminar hacia las ruinas.

La vida ya no tiene más que otoño.

 

No abres las ventanas

por si acaso te llegan las voces

que te hablan de traiciones y renuncias.

Tu conciencia como un pájaro que habita tu memoria.

4. jul., 2018

Hablarle al mar de los muertos

como a Dios de las heridas.

Acordarse de sus nombres:

Machado, Lorca, Neruda.

Repetírselos al mar

porque él se los llevó un día

y sólo él sabe si volveremos a verlos.

3. jul., 2018

A Juan Ramón Jiménez

Te has ido

y se han quedado los pájaros cantando.

Te perdiste volando

y era tan bello aquel paraje ignoto.

Tu alma era tan blanda

como dulce es tu recuerdo

en esta tarde de verano

de un rosa inexpresable.

Tu nombre está grabado

en letras de oro en la memoria de los hombres.

¿De qué te sirve ahora

haber escrito a la dorada decadencia del otoño,

a lo eterno y lo único,

si ya no eres tú

y sólo yo le hablo de ti al mar?

3. jul., 2018

Lo abandona todo: los cuadros, los relojes, el olor a tierra mojada.

Se queda con la herencia que oculta debajo de la alfombra.

Tiene prisa. Quiere olvidar su infancia, las tardes de septiembre,

los relatos de los viejos, las últimas palabras de su padre:

Los senderos son siempre de ida y vuelta.

Hay un aljibe en el fondo del alma.

 

Pasan los años. El rostro curtido por el viento,

las manos rasgadas por el frío.

Es un náufrago en busca de la orilla.

Le queda el anillo paterno

que lleva grabadas unas letras:

Te espero donde siempre.

Ser fiel es regresar a las viejas heridas.

Morir es olvidarse del pasado.