poesía

2. may., 2018

Las palabras aparecen a veces en los bosques

desnudas y maniatadas

porque algún monstruo las ha secuestrado

y ha liberado al silencio,

ese señor que se pone colorado

cuando preguntan su nombre.

Otras veces se esconden de los indolentes

que quieren envenenar el agua de la que beben.

Otras brotan de los manantiales

sin permiso de nadie y entonces

son libres, vuelan, aman, susurran a los amantes,

y no dejan nada sucio.

Pero las más de las veces huyen

a las cumbres más altas para que nadie las alcance.

Pero en fin las hay que están enterradas en el fondo del alma

esperando a un poeta que les despierte de su sueño.

2. may., 2018

Entre el sábado y el domingo

me dispongo a ser más fuerte que los lunes,

más flor cautiva que los martes,

más horizonte para los vagabundos que los miércoles,

más árbol que crece que los jueves,

más pájaro que vuelve a su nido que los viernes,

pero siempre me quedo en el borde de lo que pude haber sido.

2. may., 2018

Quiero hablar del infinito

esta tarde sedienta y sin futuro.

¿Es acaso el número

que no alcanzaron a ver los ciegos?

¿O el rastro que dejaron los invictos héroes de la guerra?

¿No será la arena del desierto

o el amplio manto que cubre las estrellas?

Tal vez el camino que siguieron los sabios

o el fondo insondable de unos ojos que dicen te quiero.

El infinito está al norte

aunque los pájaros se dirijan hacia el sur.

Nadie lo ha visto jamás

pero todos lo esperan en la noche.

Hablan de él los poetas,

pero solo los astros conocen la respuesta.

Es tal vez una pregunta que le hacemos al destino

cuando alguien nos anuncia su llegada.

El infinito es aquello que nos queda

cuando se apagan todas las hogueras.

22. abr., 2018

Y aparece la culpa, enorme,

como si te fuera a aplastar,

con sus garras oprimiendo hasta el último latido

de un corazón en llamas.

Te persigue en los sueños, en la soledad,

en el largo camino de regreso a casa.

Es una voz que llega de lejos,

que ruge en la oscuridad del alma,

o un rostro amarillento con los ojos desorbitados,

galopando en la noche.

Y te sientes minúsculo ante un gigante

que surge del mar,

que desciende de las cumbres,

que está en el desierto y se esconde en las cuevas,

que repite tu nombre sin cesar

hasta el hastío y la desolación.

Como una piedra sobre los hombros,

como la niebla sin fondo,

como un hombre que olvidó su futuro

y se empeñó en vivir en el presente,

entre el abismo y la nada,

como un pájaro enjaulado

que aspira a ser libre un día,

como un náufrago rescatado de su pasado sombrío.

8. abr., 2018

Dicen algunos desmemoriados

que no existes.

Que eres el engaño que se ha vendido al pueblo,

ingenuo e indefenso.

Dicen que no existes

pero tu voz se oye en el eco del viento.

Dice que no existes

pero se ve tu rostro en la luz del desierto.

Dicen que no existes,

pero tus huellas guían el camino del ciego.