poesía

12. oct., 2019

Estoy esperando a los pájaros.

Es una tarde inquieta.

Taciturna y algo melancólica.

Las montañas siguen ahí.

Y los bosques.

Y la pintura de Botticelli.

Y la música de Bach.

Y el cine de Orson Welles.

Pero los pájaros se han perdido para siempre.

12. oct., 2019

Un jardín,

un bosque,

un cielo azul.

Una llamada perdida.

Un ángel derrotado.

Un tesoro oculto.

Una mañana sin nombre.

Un poema en el fondo de un lago.

Alguien que espera escondido.

No es tarde para regresar

12. oct., 2019

Son modos de ver la vida.

Con los ojos del niño que descubre la vida

o con los ojos del miedo ante la muerte.

12. oct., 2019

Cada día es descubrir una tierra nueva, por hollar.

Es estrenar el lenguaje que se resiste al paso del tiempo.

Es iniciar un largo viaje que solo la rutina lo envejece.

Cada día es ver con ojos nuevos el café de la mañana

o los papeles que esperan encima de la mesa.

Hay un rayo de luz en cada instante,

que ilumina el jardín escondido y silencioso.

12. oct., 2019

En este silencio ingrato y dulce,

voy tejiendo mis días y mis noches,

como antorchas que nacen en el mar

y mueren en el ocaso de lo incierto.

Así voy por la vida,

como aquel poeta borracho y vagabundo,

sin conceder un minuto de mi vida

al vacío existencial del que hablan algunos.

¿Puede haber vacío donde hay un bosque,

donde el amor vela,

donde el jardín duerme,

donde la lluvia no se esconde,

donde la belleza se desnuda ante los ojos?

Así voy tejiendo mis días y mis noches,

en un lugar donde no cabe el absurdo.