31. may., 2022

LA ALEGRÍA

No. No vino de repente la alegría.

Vino precedida de una lluvia fina,

de una canción lejana,

de una luz apenas perceptible.

Vino en mitad de una borrasca,

en un caserón oscuro sin ventanas,

en un bosque plagado de serpientes.

Vino cuando ya no la esperaba,

cuando ya las voces se apagaban,

cuando alguien cerró la última puerta.

Vino sin que yo la buscara,

sin que yo supiera que existía,

sin que nadie me hablara nunca de ella.

Vino porque quiso,

como una dádiva incierta e infinita,

como un vendaval que nunca se calma,

como el amigo que llama a media noche.

Vino y se fueron el miedo y la codicia,

la pobreza y la desidia,

el rencor y la herida que sangraba,

el cansancio y la desesperanza.

No. No vino de repente la alegría,

pero vino,

y ya la noche no pudo arrebatármela.