26. abr., 2022

TARDES QUE MUEREN POR SÍ SOLAS

Tal vez ha llegado el momento de decir adiós.

De no prolongar más este laberinto,

de dejar que los ríos vuelvan a su cauce,

de dejar las cosas en su sitio.

El tiempo es aliado en estas lides,

solo él sabe de nostalgias y recuerdos,

de barcos a la deriva,

de tardes que mueren por sí solas.

Tal vez ha llegado el momento de decir adiós,

de volver a la rutina,

a despachar diariamente con el jefe,

a contestar el teléfono de madrugada.

Mañana habrá otras fiestas y otros lares,

otros secretos, tal vez inconfesables,

noticias que nos dan los buenos días

y otras que quizás no lleguen nunca.

Ahora es el momento más oportuno

de decir adiós,

como si nada,

como si el viento fuera aquel amigo

que viene a visitarnos de improviso,

como si el reloj se hubiera detenido

en el momento preciso, inaplazable,

de decir adiós,

porque nunca habrá otro París,

ni otro Manhattan,

ni otra Roma,

tan tristes,

tan lejanas,

tan imposibles,

como este momento de decir adiós.