26. abr., 2022

LOS MARTES SABEN A TRISTEZA

No espero tu llamada,

ni siquiera que te acuerdes de aquel pájaro

que siempre nos miraba,

cuando andábamos sin prisa

por las calles de la ciudad dormida,

no recuerdo muy bien si era Venecia o Praga, 

ateridos de frío,

bajo la lluvia eterna y apacible, como tus manos,

como siempre sin rumbo fijo,

aunque acabábamos sentados en aquel banco,

por cierto, también se lo han llevado,

recitando los viejos poemas de Garcilaso,

que tanto te gustaban.

Han pasado muchos martes desde entonces

y la luz continúa su trayecto,

perpendicular y un poco atávico,

al margen de olvidos y recuerdos.

Cómprate un coche nuevo,

me dicen los amigos,

un porsche a ser posible.

Acércate al Misisipi,

allí hay muchas canoas

y conciertos a la luz de la luna.

No espero tu llamada,

como antaño, a altas horas de la madrugada,

ni siquiera que te acuerdes de mi número,

que, supongo, borraste de tu agenda,

como borraste todos los gestos,

y todas las caricias,

como borraste todos los caminos recorridos,

como borraste todo lo que sabía a mí

de tu memoria. 

El recuerdo es algo frágil,

pero útil en noches como esta

en que no hay tordos 

ni nada parecido a tus miradas.

No espero tu llamada,

sé que perdí todo lo que un día fue hallazgo

y victoria del mar contra las rocas.

Desde entonces, los martes saben a tristeza

y la melancolía está barata en el mercado.