17. ene., 2022

LA PERLA

Nunca he estado en el sitio oportuno en el momento adecuado.

Por eso las gaviotas han pasado de largo siempre por mi casa

y en mi vida no ha habido ruiseñores ni jilgueros.

Tal vez, alguna paloma que, 

seguramente, se equivocaba.

De puerta o de escenario.

El éxito ha sido siempre para los otros,

la ginebra, para qué decir,

la mejor habitación del hotel para mi íntima amiga

y más de una vez he perdido el tren

que me llevaba al paraje ignoto de Juan Ramón.

Lo único que me ha quedado, como a Blas de Otero,

ha sido la palabra, y algo enjuta

y poco dada a muchas explicaciones.

He llamado a muchas puertas,

porque eso sí, a tenaz no hay quien me gane,

y siempre me he llevado un no como respuesta.

Ha llegado usted tarde, me dice displicente el conserje.

Vuelva usted mañana

o mejor, no vuelva más.

Nunca he estado en el sitio oportuno en el momento adecuado,

salvo cuando encontré esta perla fina,

recuerdo el día y la hora exacta,

todos los pormenores y circunstancias.

El sol de las cuatro en el mes de agosto,

el niño en el columpio,

Yesterday sonando en la radio de un coche mal aparcado,

una alcancía y un jarrón encima de la mesa.

Nunca he estado en el sitio oportuno en el momento adecuado,

salvo cuando encontré esta perla fina,

entonces fui y vendí todo cuanto tenía.