11. ene., 2022

ESTE SOL ROTUNDO Y CONVINCENTE

Este sol rotundo y convincente,

presagio de otro sol más cierto y deslumbrante,

que da sobre mi espalda,

huesos húmedos y anquilosados,

me dice cosas,

cosas que yo ignoraba,

cosas que no están en las enciclopedias,

ni en Google,

ni en la pintura rupestre,

ni en los caminos hollados por los sabios,

ni en la sombra taciturna de los árboles.

Cosas sorprendentes,

como que los almendros darán aceitunas este año,

y los ríos se quedarán dormidos a la luz de una canción,

que un rayo será como una espada

y un corazón, como una mano herida.

Así me dice este viejo sol,

que todo lo sabe a ciencia cierta,

porque no hay nada,

ni siquiera la muerte,

que se atreva a desdecirlo,

a ignorarlo,

a despreciarlo,

a burlarse de él,

como hace la noche en su triste recorrido.

Este sol rotundo y convincente,

me dice cosas que yo no sabía,

y me ha enseñado con su destreza habitual

a usar un abrelatas,

a comer marisco con cubiertos,

a recitar de memoria el soliloquio de Segismundo,

la ceremonia ancestral del té y sus acólitos,

a concitar esperanzas,

a predecir el vuelo de la cigüeña,

a no quejarme por lo pedestre y adusto.

Este sol rotundo y convincente,

tan antiguo y tan añoso,

tiene la capacidad de sorprenderme cada día,

como ese viejo amor que a veces me desvela.