31. dic., 2021

CORAZÓN DE PELUCHE

Ya nada será como antes.

Aquello marcó un antes y un después en nuestras vidas.

El parque ya no tiene aquel aroma de antes de la lluvia,

cuando nos parábamos a mirar las pastelerías,

cómo te gustaban los dulces,

y también mi pelo alborotado,

casi siempre al borde de la ruina.

Ya nada será como antes,

ni el cielo transparente de tus ojos,

ni los cerezos a punto de brotar, 

ni los bancos solitarios,

ni aquel viejo que siempre preguntaba la hora,

justo antes de que iniciáramos una discusión

sobre quién era más alto, 

si Gary Cooper o Gregory Peck.

Ya ves.

Todo será distinto,

aunque yo seguiré siendo impuntual,

y llegando tarde a los museos.

Me acuerdo ahora de tu pintura favorita,

sí, la de Los borrachos de Velázquez.

Te pasabas horas contemplando

aquellos rostros deformados y grotescos,

que parecían burlarse de nosotros.

La burla tiene su dosis de catarsis,

como mirar los tilos y los sauces,

aunque el verano se haya acabado

y los bares estén todos cerrados.

Ya nada será como antes.

Aquello marcó un antes y un después en nuestras vidas.

Yo me pasaré el tiempo ordenando los papeles de la biblioteca,

y tú estarás en tu despacho,

mirando, tal vez, por la ventana,

a unos jóvenes que pasan desafiando al frío

y también a los semáforos.

La ciudad permanecerá muda y silenciosa,

como asistiendo a un espectáculo sombrío,

como abatida y temerosa,

sin nada que añadir a los comentarios de los viandantes,

que andarán con las manos en los bolsillos,

como si la vida no fuera con ellos,

y fueran otros los desheredados.

Ya nada será como antes.

El invierno nos robó la madrugada,

y yo olvidé cambiar el corazón por otro de peluche.