18. nov., 2021

AUTORRETRATO

Yo tengo una vena desgarrada a lo "yira, yira".

Trágica, si queréis,

como si se tratara de una moderna Antígona.

Algo desdibujada, sí,

pero en el fondo, rebelde e insumisa.

Una vena un poco siciliana, a lo Godfather,

aunque nunca llega la sangre al río.

Tengo otra que se muere por la melancolía

y no encuentro momento para escuchar Ne me quitte pas

o La Boheme o a Edith Piaf.

Oh, la chanson.

Cuántas horas viendo caer la lluvia una tarde de agosto.

También tengo la vena bohemia 

y me escondo en las buhardillas

a disfrazarme de sufragista o de George Sand.

A escribir poemas de amor desesperados 

a las 3 de la mañana 

y a pasearme descalza por la arena,

esperando que lleguen las gaviotas.

Mis gustos son poco convencionales,

algo excéntricos, si se quiere.

Me pasearía en un porsche 

en una película de Fritz Lang.

Nada como el cine negro de los años 40

para conjurar las tardes del domingo

o dejarme sorprender una vez más

por las Suites for Cello de Bach

o por el violín triste y dolorido

de Yehudí Menuhín.

Y en mis horas de quietud, 

esas horas sublimes,

intensas,

alejada del mundanal ruido,

del boato y la multitud.  

Esas horas

en las que hay armonía y luz, 

paz y certidumbre,

fuego y silencio,

calma y prontitud. 

Esas horas,

que no conoce nadie,

tan solo la belleza ignorada,   

me acompaña siempre en el fondo de mi alma

el rostro del amado dulce y tierno.