12. oct., 2021

ME GUSTA VER NACER LOS ALMENDROS

Me gusta ver nacer los almendros, 

con su flor rosácea,

un poco tímida,

porque irrumpe demasiado temprano,

y deja al invierno en evidencia.

Hay árboles así,

transgresores e iconoclastas,

como si se escaparan 

de un libro de Umberto Eco.

Los cipreses, 

tan altos y erguidos ellos,

pero la realidad es que tienen muy baja autoestima

y siempre están llorando o lamentándose.

También me gustan los pinos,

cerca del mar,

con su olor a brea y a paisaje enamorado.

Otra cosa bien distinta es el roble,

siempre dando lecciones de dignidad 

a todo el que se atreva

a refugiarse bajo sus ramas.

¿Por qué no los álamos?

Álamos del camino en la ribera.

No sé si son dorados,

que diría Machado,

pero prometo haber visto 

en sus cortezas grabados nombres y fechas.

Ay, el amor, que siempre llega tarde

y nos abandona tan pronto.

No sé si lo he dicho,

pero me gusta ver nacer los almendros

con su hoja rosácea y tempranera,

y acordarme de que algún día, como ellos,

yo también moriré.