6. jun., 2020

A LO LARGO DEL CAMINO

Cuando éramos niños

no nos preocupaban las cosas

que los adultos consideraban importantes:

la hipoteca, 

el recibo de la luz,

el viaje a algún país exótico,

el informe médico.

Vivíamos cobijados en una urna

adonde no llegaba ni el frío

ni el calor de las tardes de agosto.

Sin embargo nos preguntábamos el porqué de todo,

de lo más lejano y extraño,

de eso a que los adultos no tenían respuesta.

Luego crecíamos,

y las preguntas desaparecían

y nos volvíamos graves y circunspectos,

y enterrábamos la infancia en el fondo de nuestro corazón,

para conservarla, como un tesoro, a lo largo del camino.