1. jun., 2020

LOS MAPAS

Los mapas son inescrutables.

Tantos nombres, tantos ríos, tantos lugares.

Me desoriento, me pierdo en sus tortuosos pasillos,

en sus recodos inaccesibles.

París parece un lugar remoto

si lo miras desde el Himalaya.

Los fiordos son más hondos que nuestros ríos

y además carecen de leyendas

y de niños ahogados en sus aguas.

Prefiero no hablar de la China 

que parece diminuta y hay que buscarla con lupa.

Tampoco aparecen los senderos en los mapas

ni las fuentes ni los oasis

ni la casa en que nací,

ni los arrabales de Buenos Aires,

ni el farolito del tango,

ni los puertos bullangueros,

ni las temidas encrucijadas,

ni la isla desierta de Robinson Crusoe,

ni los barrios donde viven hacinados los pobres,

ni el país que visitó aquel sabio en su vejez.

Los mapas son absurdos,

opacos, impenetrables, abstrusos,

como una selva virgen,

pero yo los llevo siempre conmigo

porque me recuerdan

lo injusta y complicada que es la vida.