7. may., 2020

LA ÚNICA HERIDA

Hacer un homenaje a la alegría,

en estos tiempos sórdidos y turbios,

es una tarea ardua y complicada.

Sin embargo no deja de ser un acto de rebeldía,

de insumisión al pensamiento triste y penumbroso.

Un acto que requiere fortaleza,

mirar al mar con ojos de madrugada,

poner las montañas cada día en su sitio,

dejar que sea el bosque quien lleve la batuta.

Es un acto sin ánimo de lucro,

expansivo y audaz al mismo tiempo.

Tiene algo de ingenuidad y sabiduría,

aunque nunca se bate en retirada.

Hacer un homenaje a la alegría,

hoy por hoy es un acto de locura,

subversivo, revolucionario,

la única herida que no deja de sangrar.