2. may., 2020

OTOÑO

Me voy haciendo vieja

y en este umbral del otoño,

voy repasando una a una

las distintas etapas de mi vida.

Esa etapa en la que solo comía chocolate

y bailaba todas las noches la Danza de los cisnes de Tchaikovski.

O esa otra en la que solo escuchaba los tangos de Gardel

y estaba obsesionada con ir a Buenos Aires.

Recuerdo, como si fuera ayer,

cuando me dio por jugar a las cartas

y mis padres me desheredaron.

Distinto fue cuando andaba tres horas cada día

y mi profesor de matemáticas amenazó con denunciarme.

También recuerdo mi etapa revolucionaria

reivindicando los derechos de los búhos a todas horas,

pero nunca olvidaré aquel camino ancho y agreste

por el que llegabas tú cada tarde,

cantando boleros,

como si siempre fuera primavera.