31. dic., 2019

NOCHEVIEJA

El año se despide,

como el hombre de un viejo amor.

Ya no quedan piedras que tirar al río turbulento.

Los recuerdos aparecen en forma de relámpago

y se citan con la luna en las calles vacías.

Otra vez beberé champagne y comeré las uvas,

esperando que alguien me dé la enhorabuena

por ese triunfo más propio de los dioses

que de un alma envejecida.

El año se despide,

ya no quedan bancos en los que sentarse

ni huecos por los que se filtren los amaneceres.

Todo tiene sabor a fiesta sin mañana

y las miradas están más apagadas.

Se va el año

y con él algo que nunca llegó a ser.