29. ago., 2019

AL LÍMITE DE LO FRÁGIL Y LO IMPOSIBLE

Cierra los ojos y te rondará el sueño.

Un sueño salvaje, altivo, intrépido.

Como el que tuviste aquella noche,

cuando juntos visitamos el castillo

que había junto al bosque.

Y allí estuvimos siglos,

porque el tiempo se detiene en los sueños,

como si la muerte fuera solo una fugaz sombra

y el dolor, un lugar que siempre está vacío.

Allí descubrimos tierras con una luz intacta,

tal vez también intangible, como los sueños.

Y supimos que el amor late con más fuerza

en la incógnita de lo desconocido y de lo incierto,

porque solo la costumbre lo destruye.

Y allí estuvimos, al calor de un sueño crepitante

en el que avanzábamos sin saber a dónde íbamos,

ajenos al mundo y sus rutinas,

en los márgenes del tiempo,

al límite de lo frágil y lo imposible.