22. ago., 2019

DOLOR

Te siento, dolor,

dentro de mí,

viejo amigo del alma,

herida que no renuncia a su morada.

Hoy me visitas, como otras veces,

y conviertes mi casa en una cárcel.

Indeleble huella,

hierro incandescente,

que destruye y devora cuanto toca.

 

Dolor, con tus innúmeros rostros,

con la máscara de la traición o la venganza,

de la muerte o la crueldad,

no eres amor, aunque eres fuego

que quema en la distancia.

 

Te irás, como se fueron otros.

Contendrás tu furia y tu rabia.

Llegará la lluvia, como siempre,

y apagará tus llamas lentamente. 

Pero mi corazón será más tierno

cuando solo queden cenizas y rescoldos