18. ago., 2019

EL PADRE

El amor de un padre por su hijo

es tan fuerte que no lo tuerce el camino

ni los vientos del poniente

ni el destino ni la muerte.

Es tan alto que hasta las cumbres lo envidian

por no tenerlo en sus brazos.

El tiempo es el enemigo

que separa al padre del hijo.

El hijo quiere volar y el padre no lo detiene.

Es un amor acendrado, acrisolado en el fuego,

que no sabe de traiciones, ni mentiras.

El hijo es el sueño del padre,

su escalera, su luz más temprana,

su reto a la eternidad.

El padre conduce al hijo

por senderos que llevan al abrigo de los sauces,

le protege de las fauces del lobo,

y le muestra el infinito

en las noches de dolor.

El padre promete al hijo

la luna, los gigantes, el horizonte,

y el hijo anda despacio

por el camino

que solo el padre conoce.

Y cuando llega el silencio de la vejez

el hijo le dice adiós.