10. ago., 2019

¡OH, MÁGICO PRODIGIO!

Hoy me he adentrado en un paisaje pletórico de recuerdos,

fotos que me conducen a instantes felices de mi vida,

a las horas perdidas de mi infancia,

a las lecturas con mi madre de Las mil mejores poesías,

a las excursiones a Sant Pere de Roda o Peratallada,

a esas cenas en la terraza de un hostal riojano.

Fotos que hablan más allá de las imágenes,

más allá del flash y de la luz,

más allá de lo que perciben los sentidos,

que captan el amor tras el foco,

el amor que no envejece nunca,

aunque sean muchas las arrugas en la frente.

Un amor silencioso que se oculta 

para que sea la amada quien brille

en la escena de familia

o tal vez sola sentada en algún banco.

Un amor que no desfalleció nunca

y llegó al otoño de la vida

fiel a su promesa y a su alma.

 

Hoy, de forma misteriosa,

-¡oh, mágico prodigio!-

en esas fotos viejas y marchitas,

descubro la mirada y la mano de mi padre

que, humilde, se esconde tras la cámara.