9. jun., 2019

LA CITA

Andar. ¡Qué extraño es andar!

Aparecer en las cataratas del Niágara,

en algún valle profundo de la sierra,

en la cumbre del Kilimanjaro

o en el desierto que tanto amó Lawrence de Arabia.

Andar para llegar a algún destino

que vaticinaron todos los oráculos

y nada se puede hacer para evitarlo.

Ir recogiendo en el camino

las flores sorprendidas,

aquellas que alegran nuestros días

o las que ya marchitó el tiempo cruel.

Ir deprisa o despacio,

asomarse por algún precipicio

o sentarse en el sendero que oscurece.

 Cruzarse con rostros suplicantes de cariño

o con aquellos que escrutan lo más recóndito.

Ser árbol o piedra, según el color del cielo,

o recibir al otoño, cuando ya no hay más remedio.

 

Andar. ¡Qué extraño es andar!

Llegar a tiempo a ver los huracanes,

sortear los vericuetos en la noche

y vadear algún río escabroso.

Andar y no olvidar nunca

que tenemos una cita con el mar.