20. may., 2019

EL MUNDO

Me gusta el mundo y sus colores,

sus rayos, sus ponientes,

la selva, el desierto,

las montañas,el mar,

las ciudades ruidosas,

los gritos de los mercaderes,

los negros, los rojos, los amarillos,

los que deambulan sin rumbo fijo,

los que no saben leer un mapa,

los que se enamoran de Audrey Hepburn o Paul Newman,

los payasos, los trapecistas,

los que tienen el póster de Charlot con el niño,

los que leen al Dante y a Paul Auster,

los que comen pipas en el cine,

los que cuentan estrellas por las noches,

los obreros que escriben poemas,

los que mendigan un poco de pan,

los frívolos, los ausentes,

los que siempre dicen sí,

los que se enfadan,

los que lloran,

los que corren para coger el tranvía,

los que no saben a dónde van,

los que te roban el aparcamiento,

los que suben las escaleras de tres en tres,

los que lo pierden todo,

los que viven en el quinto piso,

los que aparcan en doble fila,

los que se saltan las normas,

los que estudian por las noches,

los que padecen insomnio,

los que hacen running,

los que siempre llegan tarde,

los que se ponen el abrigo del revés,

pero sobre todo me gustan

los que me miran de frente

y gritan libertad.