7. oct., 2018

LA CIUDAD

Volví a la ciudad

a la ciudad de los fantasmas,

de los hombres que no dejan huella,

de los parques sin niños,

de las calles sórdidas y laberínticas.

 

Volví a la ciudad,

a la gran ciudad de antes del diluvio,

a la que habían cantado los poetas en sus trovas,

a la de los grandes palacios y suculentos banquetes.

 

Volví a la ciudad

después de aquel sueño premonitorio,

para ver el ocaso de los dioses,

los últimos vestigios de un mundo

que había renunciado a su herencia,

a la herencia que los sabios le dejaron:

el sabor eterno de la inmortalidad.