23. ago., 2018

EL ARMARIO

Nada más triste que un armario vacío,

que ya no guarda secretos ni cosas inútiles,

ni las cartas de amor de una ingenua adolescencia,

ni el aroma a septiembre recién estrenado.

 

Nada más triste que un armario vacío,

sin citas clandestinas al albur de la noche,

sin manos que acaricien su piel envejecida,

sin naufragios matutinos,

sin rincones polvorientos donde esconder un beso,

sin todas esas cosas que llenan los cajones,

sin esa nostalgia del polvo en el joyero.

 

Nada más triste que un armario vacío.

Nada más triste que un alma sin recuerdos.