9. ago., 2018

HOY YA NO LE TENGO MIEDO A LA NOCHE

Hoy he buscado en mi armario

esa carta de amor que vino de improviso.

Esos amores antiguos tienen el sabor de la belleza

y el color de los lagos en otoño.

Son como pájaros,

que regresan al primer nido

cuando ya todo está vencido y derrotado.

Leo la carta con la avidez de la primera vez,

mientras suenan violines en los templos

y la luz se hace cada vez más real y más tangible.



El río ya no está turbio.

El bosque ha vuelto con sus latidos penetrantes.

Los montes han abierto sus brazos al hechizo.

Las cumbres ya no están solas.

Se respira un aire doliente y mágico.

 

Hoy ya no le tengo miedo a la noche.