5. ago., 2018

EL BESO DE LA LUZ

El templo ya no tiene las columnas de piedra

en la que labraron los hombres la historia de los dioses.

Ya no tiene la luz cálida que acogió al caminante y al guerrero,

ni tan sólo el velo misterioso que oculta la belleza.

 

El tiempo ha impuesto su rigor y su furia,

borrando las huellas que un día fueron leones de alabastro.

Se oye el crujir de las losas, como un trueno a través de los siglos.

Las estatuas se ocultan porque les ladra un perro.

 

Hay voces extrañas con dientes afilados,

músicas torpes que no tienen amigos,

sombras que se repiten como noches de insomnio.

 

Un erudito canta la canción que aprendió de niño,

la que ahora recuerdo en este templo sombrío,

en este corazón que hoy guarda el beso de la luz.