3. jul., 2018

A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

A Juan Ramón Jiménez

Te has ido

y se han quedado los pájaros cantando.

Te perdiste volando

y era tan bello aquel paraje ignoto.

Tu alma era tan blanda

como dulce es tu recuerdo

en esta tarde de verano

de un rosa inexpresable.

Tu nombre está grabado

en letras de oro en la memoria de los hombres.

¿De qué te sirve ahora

haber escrito a la dorada decadencia del otoño,

a lo eterno y lo único,

si ya no eres tú

y sólo yo le hablo de ti al mar?