7. dic., 2017

BALADA POR LA MUERTE DE UNA CIUDAD

La ciudad, lejana y extraña,

la que vio cruzar mis sueños por los puentes,

la que anduvo descalza por las piedras,

la que descubrió el amor en sus callejas,

la que habitó mis horas de luz,

la que arrancó promesas y raíces,

la que no conocía el dolor ni la muerte.

 

Esa ciudad es hoy un vago espejismo

un recuerdo inhóspito,

una sombra inerte del pasado.

Ya no laten los corazones en las fuentes.

Todo es frío y nostalgia en las esquinas.

Brota el silencio, como un cuchillo en la noche.

La ausencia es más palpable en el ocaso.

 

La ciudad ya no existe con sus plazas y jardines,

con sus parques y sus muros,

con sus estatuas y sus tardes polvorientas,

con su cementerio y sus ríos.

Se ahogó en el mar impredecible del olvido.