23. ago., 2017

EL GRITO DE DOLOR

Le arrancaron el alma una noche abrupta y solitaria.

Los lobos corrían a las cuevas.

El mundo era inhóspito y cruel.

En sus manos llevaba grabadas

las palabras que aquel sabio un día le dijera:

Las ciudades son como los hombres,

cambian de paisaje, pero la verdad está bajo sus ruinas.

 

Nada vale la pena,

ni siquiera ese hombre que lleva la camisa despoblada.

Nada vale la pena

cuando no se tiene nada que perder

y la vida es un río con múltiples preguntas.

 

Le arrancaron el alma

y la dejaron a merced del viento y de la espuma,

sin otro escudo que su tristeza a cuestas.

 

Le arrancaron el alma

porque no pudieron arrancarle la promesa

de que nunca regresaría a Ítaca.

De que nunca jamás recordaría

las tardes somnolientas,

la música perdida entre los árboles,

las cartas de un amor atormentado.

 

Le arrancaron el alma

y dejaron intacto el grito de dolor.