11. jul., 2017

EL CAMINANTE

 

 

                                                                       No hay verdad más profunda que la vida

                                                                   Raquel Lanseros

Camino siguiendo tus huellas,

diminutas, imperceptibles,

a los ojos de una estatua de cristal.

 

Camino buscándote en el último recodo

por el que no pasa el invierno ni la noche.

Las nubes me dicen que estás lejos.

También me lo dicen las voces agoreras,

los astros imbatibles, el destino atroz,

los sabios de corazón sombrío, el juez implacable.

No hay prodigio, aseguran, en la tierra

que sea inescrutable, ni mares insondables,

ni misterios amurallados, ni torres inexpugnables.

La vida es un naufragio; el mundo, un cautiverio;

el hombre, el sueño maldito de una sombra;

el infierno, los otros.

No hay Ítaca por descubrir ni paraíso al que regresar.

 

Pero yo sigo caminando sin escuchar sus dicterios,

sus juicios inapelables, sus largos lamentos.

No hay verdad más profunda que tus huellas.