17. jul., 2016

LA NOCHE

Primero llegaron los vientos,

Con sus zapatos grandes y su chaqueta raída.

Les hospedé en mi casa,

Les ofrecí el perfume de mis mejores rosas,

Y les hablé largamente de Apolo y de Dionisos,

Pero no les convencí de que no arrasaran la ciudad.

Aquella noche hubo cinco mil muertos.

 

Después vino el mar, imponente y rabioso.

Con él hablé del destino, de la paz y del canto de las sirenas.

Pero no le convencí para que no subiera la marea.

Aquella noche se ahogaron todos los sueños.

 

Más tarde, pasó por mi casa el fuego,

Con su verborrea y sus llamas crepitantes.

Le dije que ya era tarde y no tenía dónde alojarle.

Pero tampoco logré convencerle de que esperara a la lluvia.

Aquella noche todo fue cenizas y olvido.

 

Por último, llegó el bosque con sus pájaros y sus liebres.

Le dije que los vientos, el mar y el fuego habían asolado la tierra,

Y que mi casa ya no era refugio para el caminante.

Me miró con sus ojos silenciosos,

Se entretuvo en cada rincón de mis aposentos,

Hasta que encontró la llave que abría la puerta del jardín,

Pero fracasé otra vez,

Y no pude convencerle de que no arrancara las raíces de los árboles.

Aquella noche el desierto agostó todas las almas.