14. may., 2016

No hay rosas que te lloren

Me da pena tu indiferencia

Ante la oscura piedra y el frágil tallo,

Ante el dolor que se esparce por la tierra,

Ante el abismo incierto.

Me da pena cuando mendigas esperanzas,

Y te cubres de miseria y podredumbre.

Cuando te alzas con tu poder de hierro y polvo,

Y quiebras las ramas de los sauces.

Me da pena que no conozcas las sirenas

Ni el legado de los árboles,

Que no sepas distinguir un rostro de un arado,

Que la aridez haya hecho cima en tu memoria.

Escuálida sombra que espías tras los espejos,

Envidias la luz, la ternura, el amor que no se muere.

Caes desde tu pedestal al abismo,

Y no hay rosas que te lloren.