12. nov., 2015

Los recuerdos

En la cima de la memoria,

Como en las cumbres sedientas de luz,

Brillan álgidos los recuerdos.

Algunos son escuálidas sombras,

Que duermen en lo profundo del pozo.

Otros son ráfagas repentinas,

Largos senderos e imperturbables rostros.

Los hay que son laberintos por los que deambulan los fantasmas,

Los que son recuerdos sórdidos,

Los que miran de frente,

Los que no se olvidan, aunque llueva,

Los que dudan entre quedarse o marcharse,

Los que se convierten en nubes plomizas,

Los que son espinas del pasado,

Los que atraen a las voces de los muertos.

Hay recuerdos que se pierden en la niebla,

Otros que son devorados por el tiempo.

Los hay que sobreviven a los huracanes,

Esos que tienen nombre de mujer, pero no lloran.

Los recuerdos vibran en el espacio,

Componen melodías,

Surcan olores,

Pronuncian nombres de calles, de ciudades, de países.

Llenan el alma de nostalgia,

Y se resisten a ser condecorados.

Los recuerdos son innúmeras vidas,

Que resuenan en los ecos

Y espían tras los espejos.