5. nov., 2015

Después del amor no hay nada

Iniciar otra mañana

Es iniciarte conmigo.

Regresar al punto exacto en que quedaron las cosas,

Al prodigio de descubrir otra vez

Tu rostro en lo incierto, en la duda, en el enigma

O en lo puramente anecdótico que se esconde en un papel.

Es recordar que el amor no es pasajero,

Pero requiere de lluvia,

Porque el amor se fecunda en el trasiego diario,

En ese ir y venir de las rosas,

En ese frecuente pasmo que produce la rutina,

En ese incesante brote de calles y de jardines.

Porque el amor no es oscuro,

Ni frágil ni laberíntico.

Es lento como un suspiro,

Como una nube que duerme.

Iniciar otra mañana

Es resolver las ecuaciones de tu frente,

De tus manos, de tus cálidas mejillas.

De tu cuello de alabastro.

Es respirar el aire que tú respiras,

Es alcanzar tu torre y vivir con la mochila a cuestas.

Es hurgar en tu armario y desechar las cosas viejas.

Es comprar tu sueño y velar tus esperanzas.

El amor es eso, iniciar una mañana,

Naufragar en la delicia de saber que todo es nuevo,

Y que al acabar el día,

Después del amor no hay nada.