1. sep., 2015

Más allá del polvo y de las cenizas

                                A la memoria de mi padre

 

Nostalgia de tus manos,

De tu voz fuerte y erguida, como un roble,

De tu mirada oscura y penetrante, como un cuchillo en la noche.

Tenías el ardor de los héroes homéricos,

Pero tu piel era tersa y blanca.

Inventabas paraísos, jardines, océanos,

Para frenar el dolor y la envidia.

Guardabas, entre tus cosas, las cartas, los versos, el crucigrama

Y una larga lista de sinsabores.

Te sumías en el silencio distante y versátil

Pero nunca te alejabas de tu puerto.

Creías en el hombre, en las estrellas, en las ruinas y en el Big Bang.

Dialogabas con el tiempo, con Platón y con Beethoven.

Cerrabas los ojos para grabar la belleza en tu alma de poeta.

No envejeciste nunca,

Y las nubes no interrumpían tu sueño.

Andabas despacio, pero sin miedo al frío y al hambre.

Recorriste desiertos y calmaste tempestades.

Luchaste con la espada contra monstruos y gigantes,

Y el valor fue tu compañero entre las sombras de la muerte.

Ahora que ya no estás,

Y que, pese a todo, suena una música lejana,

Sé que tu existencia no fue inútil,

Y que me esperas más allá del polvo y de las cenizas.