24. ago., 2015

La soledad

La soledad ha vuelto, como de costumbre,

A remover las piedras, por si acaso,

Hay algo debajo de ellas,

Que recuerde el amor y la tristeza.

 

La soledad aúlla, sobre todo, en las noches tempestuosas,

Cuando no se divisa más que el mar,

Que pugna con el viento

Por alcanzar la arena, las torres, el abismo.

 

La soledad ahoga con sus penas,

Marchita la esperanza,

Dialoga con la muerte,

Recorre los pasillos de la casa buscando un espejo en que mirarse.

 

La soledad no tiene puentes que cruzar,

Deambula en un cielo sin estrellas,

Escribe cartas al horizonte errático,

Por si este se digna a compadecerla.

 

La soledad es muda, insípida e incolora,

Vieja, taciturna e hipocondríaca,

Pero en las noches de verano bebe cerveza,

Para calmar su insondable hastío.

 

La soledad ronda siempre las tinieblas,

Abruma y deja al alma fría e inerme,

Pero no hay corazón que no la sienta,

Cuando el invierno llega por sorpresa.