12. ago., 2015

El mar y el desierto

El mar y el desierto se odiaban,

Antes, mucho antes de que apareciera el miedo,

Antes, mucho antes de que apareciera la mentira,

Y los hombres se enfrentaran a la muerte.

El mar, con sus múltiples rostros,

El desierto, con su fría soledad,

Se odiaban porque el mar le había arrebatado al desierto su melancolía,

Y el desierto al mar el horizonte.

Salían por las noches, de incógnito,

Cuando la luna, vieja y carcomida,

Se sentaba en los quicios de las puertas,

Y comía mandarinas y lanzaba piedras a las estrellas.

Entonces, el mar y el desierto

Se disputaban el corazón del hombre,

Inmune al veneno y a las serpientes,

Sin huellas que delataran su camino,

Sin temor ante el dolor y la sangre,

Sin sombras y sin ruidos.

Al amanecer,

Cuando los mendigos imploraban a la lluvia un poco de piedad,

El mar y el desierto se escondían,

Y dirimían sus diferencias en silencio.

Pero eso era antes, mucho antes de que el hombre naufragara

y perdiera, entre las nubes, su equipaje.