13. may., 2015

El prodigio

A veces pierdo el rumbo

Y las calles se me hacen más lejanas, más extrañas,

Con ese polvo que adquieren, con el tiempo,

Los objetos que no mueren, pero que tampoco sonríen.

Intento buscar algún paisaje

Que me devuelva los recuerdos,

Pero las esquinas son dolorosas

Y me muestran el desierto, rostros áridos,

El cansancio, el hedor.

Nunca la espuma o el álgido olor de primavera.

Me estremezco ante la furia desatada de los árboles,

(el frío se adentra en lo más hondo).

Me dejo llevar por el río que sabe de mi sueño y de mi espanto.

Arde en la noche una llama sutil,

Una mirada que se repite en mil sombras.

Los siglos me rodean

Y pienso que aún es pronto,

Que todavía el tiempo no es mi enemigo,

Que encontraré un atajo, una ribera

Donde despertaré tantas mañanas,

Que regresaré, como Ulises a Itaca,

A los límites del prodigio y del misterio.