23. abr., 2015

La ciudad y el sueño

La ciudad se sumerge en el silencio profundo del tiempo.

Está triste y recuerda

Cuando las mariposas volaban por sus puentes,

Cuando el halcón dorado le recitaba sus versos,

Cuando los amantes le dedicaban el cielo

Y renunciaban a los pétalos.

Está triste porque no cantan los grillos,

Porque no sueñan sus piedras

Y las casas se caen de pura melancolía.

La ciudad ya no oye el eco de sus voces,

No va de rosa, no busca el río que la haga eterna.

No tiene duendes subiendo tapias,

Ni vasallos que le rindan pleitesía.

Pero el reloj de la estación sigue dando las horas

Y llenando de misterio sus noches y sus calles.