10. abr., 2015

Desolada la noche vino a verme

Desolada la noche vino a verme.

Me aseguró que el odio y la mentira

La abandonaron en un hotel sin salida de emergencia

Que no veía el mar ni el horizonte

Y que el conserje llamó a la policía.

La consolé, pues en su desvarío

Decía cosas incoherentes.

Cosas como que la muerte nos vigila

Detrás de cada rosa, de cada pájaro, de cada beso,

O que el tiempo no deja más que arrugas en el alma

Y resabios amarillos en el cuerpo.

Se desahogó con ímpetu, con rabia,

Con el ardor de la sangre y del enfermo

Que lucha por librarse de su estigma.

La oyeron los montes, los escarabajos,

La Estrella Polar, el Kilimanjaro,

Hasta las sirenas y las ninfas.

Pero todo fue inútil,

Los ojos que la miraban eran muchos y malvados.

Le arrancaron su silueta, su misterio, su destino

Y la sumieron en el olvido más abominable

Desde entonces los hombres van sin rumbo

Por un mundo sin novelas y sin jardines que les canten