20. mar., 2015

¿Cómo hablar de la muerte?

¿Cómo hablar de la muerte sin que nadie se ofenda,

Sin que nadie se dé por aludido en un semáforo

O en la terraza de un bar a medianoche?

¿Cómo decir lo que no hayan dicho de ella los ilustres ministros,

La dura nieve, los protagonistas insignes de una novela mediocre?

Pero sigue siendo un misterio, lo irresoluble, la eterna incógnita

Que aparece una mañana sin permiso.

No está entre las flores ni tampoco en los violines ni en los astros.

Nadie la conoce a ciencia cierta,

Aunque murmuren de ella a borbotones

Los relámpagos, los aullidos y los pobres.

Sorprende a cualquiera en un atolladero,

Llama a cada cosa por su nombre:

Ladrón, infausto, mendigo.

Deja que los días se oxiden,

Que la insulten y maldigan

Que la teman las piedras y los tigres,

Que celebren su ausencia los incautos,

Que nunca la citen en palacios o en antros.

Sigilosa, vacilante, perpetua y azarosa,

Oculta su rostro

Que las rosas envuelven de silencio.