26. ene., 2015

La ciudad

La ciudad se extendía

Por la memoria y el cielo.

Caminaba por sus calles el silencio.

El eco guardaba los recuerdos y las sombras.

El viento dejaba que las nubes se llevaran la tristeza.

Dejaba que los pájaros se volvieran amapolas

Y el mundo contemplara, arrobado, el misterio.

 

 

Olvidó la ciudad su destino, inexorable al tiempo.

Se sumió en incertidumbres, jornadas inacabables,

Se multiplicó en los hombres que la habitaban.

Se dirigió hacia la tormenta inextinguible de los sueños,

Aulló como el lobo en las estepas.

Abandonó la ternura y la esperanza

Y se ahogó en los siglos y en el hambre.

 

 

La ciudad ya no tiene calles, ni templos, ni muros.

Tiene muertos, susurros, secretos inescrutables

Y ríos que reflejan fantasmas y princesas