17. ene., 2015

Sin que nadie lo vea

Sin que nadie lo vea

Y aunque el mundo lo niegue

Eres el agua que corre por los inhóspitos sueños,

La llamada imprevisible de las estrellas,

Eres fuerza que un astro dejó caer en la tierra.

Siempre estás en los diminutos instantes de la vida.

Esos instantes que arañan o acarician invulnerables al tiempo y a la soledad,

Estás en el asfalto, 

En la dura piedra,

En el frío alabastro,

En el trasiego de muebles y de desdichas.

Siempre atento a los latidos y a los lamentos.

Regresas siempre de los atardeceres con la ternura del brazo,

Y, sin que nadie te lo pida,

colmas de vida los espacios 

Que agonizan de puro miedo.

No abandonas las calles ni las extensas veredas,

Reparas los relojes averiados y les devuelves el tiempo arrebatado.

Rescatas a los barcos que zozobran en el océano intempestivo de las sombras.

Haces eso y mucho más que no cabe en el armario

Sin pasar factura ni despachar a los ignorantes ni a los indignos.

Y aunque tú no lo digas y pase desapercibido 

Llenas el universo de aromas y paraísos.