10. ene., 2015

Dicen que estás solo, frío y en silencio

Dicen que estás solo, frío y en silencio,

Que tu nombre es una mentira difundida por todos los valles,

De norte a sur,

De este a oeste,

Hasta los confines de la tierra.

De esta tierra que a veces llamamos madre

Y, en ocasiones, no es más que llanto.

Que no eres noticia entre los hombres

Y que han visto a los pájaros salir de tu sepelio.

Mientras, las calles pueblan tu ausencia de atardeceres absurdos y melancólicos,

De olvido y de desamparo.

 Entonces, de repente, como si se tratara de un azar inquieto

 Algún terremoto nos recuerda 

Que estamos vivos,

Que todavía se cuentan por miles las estrellas,

Que el prodigio se produce cada día.

Pero los vientos, las piedras y los avatares

Acechan en las esquinas 

Y susurran, desde la sombra, que no tienes alma,

Que tu corazón rebosa indiferencia,

que la nostalgia es estéril,

Que no amanecen nunca tus ojos.

Siempre desde su inaudita tristeza y ante el asombro de la muerte,

Niegan que acudes todas las noches, puntualmente,

A los sueños y al grito que brota de las piedras.