5. ene., 2015

Me duele este saberte lejano

Me duele este saberte lejano,

Más allá de las sombras y de las inertes piedras.

Me duele todavía como si el tiempo no fuera de cristal

Y no supiera con certeza que este adiós es para siempre.

Dedicado a las ramas y al olvido,

Al lento suspiro de aquel cedro,

A la insípida luz que me aborda

Esta tarde tan frágil y sutil.

Pero no hay solución para la muerte

Y la sombra se queja siempre de lo mismo.

De este absurda apariencia,

Del engaño que nos atañe,

Del simple hueco de la risa,

De un otoño que nunca llegará a ser primavera.

Sé que las horas volverán a reclamarme lo perdido,

La esperanza en el horizonte,

La ternura de los viejos

El balbuceo del niño,

El fragor de la borrasca,

El cielo oscuro, impenitente,

El desvelo de la noche

Y la marea agitada de mis sueños.