2. ene., 2015

Amor

Amor, instante mitigado por el tiempo.

Pájaros con alas de azabache,

Amor que nace y se convierte en un clamor de luz,

En un viaje por los astros y las últimas veredas de los vientos.

Viento que arde en la pupila de los ojos

Sin miedo, sin ira, sin consuelo, sin horas que rastreen el Universo.

Amor que vuelve generosas las olas del mar intrépido,

Que entrega a los ríos su efímero equipaje,

Su eterno retorno a los orígenes:

la ternura de un niño, el rostro pálido de la luna, el candor de las estrellas, el prístino reflejo del espejo

Amor, inefable sendero que no muere,

Que habla con los árboles, con el dulce latido de un corazón herido por la sombra.

Amor que sube por las venas

Hasta alcanzar a los ángeles.

Amor que busca la ingrávida soledad de los hombres

Y se inventa los nombres ocultos por la patina del tiempo.

Hálito seductor y vívido homenaje

A las piedras que lloran su ausencia.