1. ene., 2015

Piedras de la noche

Piedras de la noche

Que decís su nombre

Al mar y a la sombra que lo cubre.

La luz lo enaltece en las paredes que emergen de las aguas.

Crece sin tregua y sin medida.

Aparta al miedo y a sus acólitos malditos.

Yace en el umbral del alma que nace de improviso y sin condena.

El eco lo transmite por miles de años.

El silencio se encarga de robarlo a las nubes somnolientas.

El viento no acaba de entenderlo

Y le pregunta al tiempo que responde con el rostro de las horas.

Cabalga por un cielo sin estrellas.

Se detiene en las esquinas donde dudan los hombres.

Se expone al improperio de las serpientes y los lobos.

Se llena de certezas y tristezas y las cuelga en las alas de los pájaros.

Deshoja margaritas junto a los atardeceres.

Se duerme en la mirada cansada de los viejos.

La esperanza se atreve a convertirlo en horizonte

Y la muerte naufraga sin que nadie la detenga