2. dic., 2014

Porque he visto los ojos helados de la nieve

Porque he visto los ojos helados de la nieve.

He oído el viento huracanado del desierto.

He tocado las manos frías de la noche.

He visto llorar a las estrellas.

He tocado el cuerpo marchito de la rosa.

He notado el peso de la lluvia sobre mi espalda.

Todos los días.

Indefectiblemente.

Ojos helados que surcaban ríos de tristeza.

Vientos que navegaban por mares insondables.

Manos que se alzaban como un grito al infinito.

Rosas que purgaban su inquebrantable belleza.

Por todo eso,

Puedo andar por un sendero abarrotado de espinas,

Puedo soñar hasta alcanzar el beso de las gaviotas,

Puedo llorar y mis lágrimas se convierten en espuma.

Por todo ese abismo

Por el que deambulo ingrávido y sin espuelas.

Por un cielo que nunca conocí,

Pero me acompañó en mis largas noches de insomnio

En medio de todo ese abismo

Que crucé sin miedo y sin premura

Estas tú rasgando el silencio de mi alma,

Como la luz se extiende por todo el horizonte.

Como una abigarrada mezcla de duda y rotundidad.

Como un árbol que abre sus hojas a la esperanza.

Como la transparente nube en aquel paraje incierto.

Estás tú, como siempre,

Con billete para el viaje de retorno,

A aquel paisaje en que saliste a mi encuentro

Una árida tarde de invierno.