30. nov., 2014

No me lo digáis

No me lo digáis.

Lo sé.

Sé que en mis días hay bruma,

Que no oigo el canto de aquel pájaro,

Que toso durante las noches de invierno

Y que cabalgo por un océano de ruinas.

Sé que cuando llueve entra el agua por los resquicios de mi ventana

Y que la luna hace tiempo que no me habla.

Pero no me lo digáis,

Estad callados

Y oiréis el bramido de las olas que golpean con fuerza en mis entrañas,

El latido del corazón en un rincón de mi árido desierto,

El galopar del viento que me señala el rumbo hacia las estrellas.

No me culpéis 

Por no andar descalza por la arena,

Por no volar por aquel cielo infinito,

Por no llevar la piedra sobre los hombros.

Por no rescatar a las rosas de su infalible destino.

Dejadme que sea yo

Quien descubra el olor de las acacias,

Quien despierte a la risa de su sueño,

Quien le robe un beso al guardián de los secretos.

Y así me hallaréis por la mañana

Sin dolor y  sin lamentos

Como la nieve, desnuda de todo recuerdo.