28. nov., 2014

El agua

Veo el agua amanecer entre los suaves deslices de los rayos.

Prodigio de una noche que fue luna y flor al mismo tiempo.

De las piedras misteriosas brota el agua 

Como el amor de los poemas tiernos.

Se oye su rumor entre las hojas de los álamos del río,

Perdiéndose por senderos abruptos y desolados

O en las olas de algún mar embravecido.

Alcanza el sueño del niño

Y el rubor de las estrellas.

El agua se pasea sin permiso por las últimas risas de aquel viento burlón y pendenciero

Y se ahoga en los ojos de los andrajosos viejos.

El agua, como un ladrón, se apodera de las húmedas pareded,

De los insignes avatares de la vida, de los prodigiosos techos

Impregnándolo todo de una mustia melancolía

Y le niega a la noche el derecho de algún cobijo sereno

Donde abandonar su desidia.

El agua canta de día a las nubes su balada matutina 

Extraída de algún libro arrugado por el tiempo.

Se posa de beso en beso y pregunta al cielo

Cuál es su destino adverso.

El agua brota de las misteriosas piedras

Se cuela por los íntimos rincones de las callejuelas viejas.

Y muere silenciosamente en un viaje sin pasaje

En una noche sin luna, sin rayo, sin estrella,